domingo, 29 de noviembre de 2009

LLUEVE


LLueve al fin sobre esta ciudad sedienta, sucia y calada con su boina de humo gris.
LLueve torrencialmente para lavar la piel adormecida de sus casas, de sus árboles, del asfalto duro y silencioso que el amanecer encontrará húmedo y brillante.

Noviembre se despide a última hora con lluvia. Un mes cada año más cálido en el que algunos insectos todavía sobreviven incrédulos. Agonizan en los parques las últimas glicinias y todo en la naturaleza se prepara para el silencio, la calma.

Hoy asoma el frío su cara esquiva al pisar la calle. El viento murmulla palabras que no quiero oír. Noviembre es un puente que une las esquinas del invierno. Se desmayan las hojas de los árboles y ejecutan en el aire su último baile antes de yacer en el suelo.

Un domingo más se termina, un noviembre más será arrancado del calendario y arrojado a la basura del tiempo que se ha ido. La lluvia se demora en el cristal y deja un reguero de gotas como lágrimas.

LLueve, aunque no lo suficiente, en este otoño áspero que, sin apenas transición, nos dejará en las garras del invierno.

Asoma ya diciembre y la obsesión por el consumo, adelantará la Navidad en las luces de las calles, en los comercios, en los anuncios, devolviéndonos un año más la engañosa promesa de una felicidad anticipada.

La lluvia borrará las huellas de mis pasos por el parque, mientras noviembre se despide, dejando el aire empapado de nostalgia.

lunes, 23 de noviembre de 2009

ABISMOS


El ser humano, desde tiempos remotos ha sentido una atracción irresistible de asomarse a los abismos, de ponerse a prueba, de situarse en el límite de sus posibilidades; de coquetear en definitiva con la muerte, esa desconocida que, más tarde o más temprano, nos será presentada.

Hace unos días estuve viendo THE BOX. Se trata de una película difícil de valorar: compleja, interesante y sobre todo inquietante. Precisamente es una pareja en apuros económicos la que decide asomarse a su propio abismo.

La película, bajo mi punto de vista, está muy bien dirigida por Richard Kelly y bien interpretada por una Cameron Díaz, que se sale de manera sobresaliente de sus registros habituales. Su compañero en el reparto, James Marden, no me impresionó tanto, pero tampoco desmerece con su actuación, la calidad del reparto.

Según iba avanzando la trama que, desde el primer minuto, despierta el interés del espectador, me vi envuelta en esa metáfora sutil de la existencia, en la que se expone en su máxima crudeza las contradicciones que cualquiera de nosotros podemos tener: Hasta qué punto somos suceptibles de ser comprados, hasta dónde somos capaces de llegar por dinero.

La película admite múltiples y variadas lecturas, pero en ella me pareció encontrar referencias evidentes al mito de Adán y Eva y su viaje alrededor de la tentación, (aunque la serpiente en este caso sea un personaje singular, quizá el más atractivo e inquietante de la película, interpretado por un soberbio Frank Langella) de su aproximación letal al abismo y su posterior expulsión del paraíso.

THE BOX invita a la reflexión, a analizar esa maquiavélica tendencia que tenemos los seres humanos a colocarnos en el filo de la navaja, a jugarnos el tipo, o una vida cómoda sin excesivos sobresaltos, para desafiar las leyes morales, las convenciones, o las costumbres que se consideran "normales", en aras de la aventura, del riesgo que, incluso puede llegar a la muerte, y que después, cuando ya es demasiado tarde, nos sobreviene el arrepentimiento, el remordimiento tardío por lo que hicimos mal, por lo que podríamos haber evitado.

La grandeza y el acierto de esta película es ofrecernos una mirada nueva sobre una realidad antigua: la condición humana.

domingo, 15 de noviembre de 2009

LIBERTAD CONDICIONAL


Insistencia en el peligro
clamores de horas difusas
y en el interior, vehemencia.

Tiene la piel de anfibio
el tiempo mudándose.
No sé si fue ayer, o ahora
cuando debo marcharme
Si me dejaron vacía
las lágrimas que derramé
a oscuras, perdida entre tus brazos.

Si estamos en libertad condicional
en el mismo lugar estancados.

Lenta se diluye la luz
que fue tejiendo el día,
el brillo de tus ojos
me devuelve sólo
incertidumbre.

domingo, 8 de noviembre de 2009

INTELIGENCIA EMOCIONAL


Desde que en 1995, Daniel Goleman, escribió el libro que da título a esta entrada, se ábrió una puerta al estudio y a la investigación de ese mundo del que ni, nuestros padres, ni nuestros maestros nos habían hablado: el de las emociones.

Los hombres y mujeres de nuestra generación crecimos bajo la influencia oscurantista de la religión católica, que no hacía otra cosa que recordarnos que "La vida era un valle de lágrimas" y que aquí no habíams venido a otra cosa que a sufrir. Crecimos con el sentimiento de culpa anudado permanentemente a la garganta, debatiéndonos continuamente entre la busqueda de la felicidad y el placer, y los sentimientos de culpabilidad que aquello nos producía. Nadie nos había hablado nunca de la inutilidad de ese sufrimiento, nadie nos había enseñado a coger las riendas de nuestra propia vida manejando y controlando nuestras emociones.

Hace poco tiempo, me regalaron un libro, que al principio recibí con un poco de animadversión y desconfianza, le tengo un poco de alergia y aprensión a los libros denominados de autoayuda, pero el título me llamó la atención y decidí echarle un vistazo. Se llama precisamente "La inutilidad del sufrimiento" y está escrito con bastante rigor y de una manera muy amena por una psicóloga de orientación conductista,(aspecto que he deducido por la metodología que utiliza en el seguimiento de cada caso)llamada Mª Jesús Älava Reyes, que merece la pena leer. A lo largo del libro se esfuerza en desmontar la creencia, bajo su punto de vista errónea, de que el sufrimiento debe ir necesariamente ligado a realidades importantes de la vida, como el amor, la muerte, el trabajo, etc, y que entrenándonos de la manera correcta, todos y cada uno podemos ser capaces de controlar nuestras emociones negativas y evitar de ese modo, sufrimientos inútiles.

No es fácil reeducarse y conseguir ser los dueños de nuestras emociones, y no al contrario, que sean nuestras emociones las que nos controlen y se apoderen de nosotros. Pero lo interesante del libro, no es sólo la teoría, sino las estrategias y los métodos que se proponen para conseguir el objetivo final: que seamos capaces de vivir una existencia, no sometida a sufrimientos inútiles de toda índole, y que podamos descubrir nuestras habilidades, nada entrenadas a lo largo de nuestra vida, para vivir una existencia lo más feliz y armónica posible, y que esa felicidad y armonía, podamos a su vez, transmitirla a todos los que nos rodean.

domingo, 25 de octubre de 2009

PASIÓN POR LOS ÁRBOLES




Leo con gran interés un artículo en el periódico sobre los árboles más antiguos de la Comunidad de Madrid. Por primera vez encuentro información en un medio de comunicación sobre el árbol más bello e impresionante que he visto en mi vida.
Se trata del "Ciprés Calvo" que se encuentra en una de las entradas del Retiro, concretamente la que está frente al Casón del Buen Retiro.


La primera vez que lo contemplé, me impresionó de tal manera, que me recorrí el parque buscando un jardinero, o algún entendido capaz de decirme de qué clase de árbol se trataba. Me senté frente a él en un banco y no daba crédito a lo que me devolvía la mirada. Nunca había visto nada más hermoso. No sólo por la majestuosidad de su figura, el volumen de su copa y la magnitud de su tronco, sino por el inmenso respeto que me producía semejante testigo del paso del tiempo. En ese momento el viento agitaba levemente sus ramas y el árbol se estremecía desde su inmensa altura, como si fuera un árbol joven. No sé el tiempo que permanecí mirándole pero desde ese momento supe que ya tenía otra buena razón para volver a visitarlo.


La segunda vez que lo volví a ver me sorprendió aún más que la primera. Había cambiado de color. Las hojas tenían un suave color rojizo y me pareció más grande todavía. Unos meses más tarde abandoné Madrid. Me marchaba a vivir a Mallorca donde permanecí varios años. Sin embargo, cada vez que regresaba a visitar a mi familia, me gustaba acercarme al Retiro para verle de nuevo, y cada vez me asombraba más asistir a las transformaciones que sufría en cada estación.

Hoy, gracias al artículo que firmaba Rafael Fraguas, he podido saber que mi árbol preferido, fue un regalo del Conde Duque de Olivares al rey Felipe IV, lo que significa que es vecino de Madrid, nada menos que desde el siglo XVII. Es increíble pensar la cantidad de acontecimientos hitóricos que se han sucedido desde que las manos de aquel jardinero plantó el maravilloso ejemplar que la leyenda dice que desciende del "Árbol de la noche triste", aquel bajo el que se refugió Hernán Cortés para llorar su mala suerte en el lejano virreinato de Mexico, según he podido leer en el maravilloso reportaje que Rafael Fraguas le dedica. También habla de otros árboles centenarios que habitan en la ciudad y también en la Sierra. La Sierra de Guadarrama atesora una impresionante colección de árboles, muchos de ellos muy longevos. Cada uno de los árboles que pueblan nuestro mundo es un regalo.

Mi pasión por los árboles data de mis primeros años. Mi madre me contaba que siendo muy pequeña, dejaba de llorar cuando colocaba el cochecito debajo de los árboles que había en el patio de casa, y que me gustaba dormirme mirando las hojas que se agitaban encima de mi cabeza estremecidas por el viento, e iluminadas por los rayos del sol, que producían aquellos reflejos de luz que, todavia hoy, consiguen relajarme como ninguna otra cosa. Y es que los árboles son uno de los mejores inventos de la naturaleza. Lo dan todo y no piden apenas nada.

Es esa presencia la que busco cuando me asomo a una ventana, la belleza que me abruma en el otoño cuando exhiben todo su esplendor como las supernovas antes de disolverse en el vacío. El rumor de sus hojas me adormecen en las noches del verano y, hasta en invierno, cuando sólo muestran su esqueleto desnudo, me asombra contemplar sus huesudas manos apuntalando el azul del cielo, mientras esperan que la primavera los vuelva a vestir de nuevo. Persigo su silueta y los reflejos de la luna entre sus ramas y ese juego de luces y sombras proyectados en la pared que siempre me fascina.
Afortunadamente están ahí siempre. No sé que haría sin ellos.

domingo, 18 de octubre de 2009

LOS SECRETOS EN LOS OJOS


El viernes 9 de octubre celebré mi cumpleaños yendo al cine. Ir al cine ha sido para mí desde niña una de las aventuras más deseadas y que más satisfacción me produce. Me sigue fascinando ese momento en que las luces se apagan y empieza la película. Salir de mi misma y de mi vida y tener la oportunidad de zambullirme en la vida de otros, me resulta apasionante.

En esta ocasión especial, elegí ir a ver la película argentino-española dirigida por Juan José Campanella: "EL SECRETO DE SUS HOJOS". A lo largo de los 127 minutos que dura la película experimenté toda clase de emociones. No es una de esas películas que te dejan frío en la butaca y cuando se enciende la luz te arrepientes de haber malgastado tu tiempo y tu dinero, sino todo lo contrario. Durante varios días las imágenes, las palabras, la música me venía a la memoria y me hacía reflexionar sobre todo lo que la película me había mostrado y, sobre todo, sugerido.

No se preocupen, no pienso destriparles la película. Sólo deseaba compartir la impresión que me ha producido. Todos los días no se topa uno con tan buen cine, ni con unos actores de ese calibre, cuyos ojos son pozos profundos que guardan emociones y secretos que, parcialmente nos desvelan, permitiendo a su vez que sea nuestra imaginación la que realice el trabajo de construir su propia historia, la que está encerrada en los ojos de cada uno.

lunes, 12 de octubre de 2009

EN UN INSTANTE


Es verdad que la vida puede cambiar en un instante.
Abrir un sobre donde te espera el informe de una prueba médica y quedarte sin respiración, pues detrás de ese lenguaje críptico impenetrable se puede esconder la sospecha de que algo no anda bien.
Después vendrá la larga espera, antes de la realización de otra prueba que confirme o descarte que cierto enemigo indeseable ha anidado dentro de ti. Y si eres propensa a imaginar, a anticipar todos los desastres posibles, ya te imaginas mutilada y los estragos que los tratamientos terminarán haciendo en ti, y sobre todo que la temida espada de Damocles ha comenzado a oscilar por encima de tu cabeza.


Queda atrás la espera, un verano de tardes cálidas, de viajes que ayudaron a distraer una preocupación sorda, que aunque se pretenda apartar, emerge de tanto en tanto royendo la alegria de los días.
Concluye el tiempo de la espera en el momento en que las manos del médico recorren cada centímetro de tu piel rastrendo la posible presencia del temible asesino. Pero el experto calla ante el temblor, ante la ansiedad que se dispara y coloca al corazón al bode de la boca, dispuesto a salir como en una catapulta. No te dice nada, aunque le preguntas, sólo te comunica que al día siguiente obtendrás puntualmente el informe de la prueba y llevárselo a tu médico.
Nunca te has sentido tan indefensa, nunca tu libertad ha sido más condicional, ni te has sentido tan amenazada. La noche es un tormento interminable en el que deambulas inevitablemente del terror, a la resignación y que no apacigua el amanecer.

Al día siguiente el sobre arde en la mano camino de la consulta. El momento en el que la doctora lo abre, no es apto para cardíacos. Intentar leer en su rostro si la condena es a muerte, o por el contrario, la pena te va a ser conmutada, pone a prueba los nervios del más templado. Pero resulta que afortunadamente, no, no tienes nada, nada importante, solo un tejido fibroso, nada de temer...
Y es entonces cuando sientes que la sangre vuelve a circular por tus venas con toda normalidad y no como un líquido espeso que te impide respirar. Y es de nuevo en ese instante en el que la vida vuelve otra vez.