miércoles, 6 de enero de 2010

NOCHE DE REYES


Ana siempre ha sabido que esta noche no es como las demás.
Hace días que su padre y sus hermanos mayores le vienen diciendo que los pajes de los Reyes Magos andan por los tejados. Se dedican a espiar el comportamiento de los niños que, ahí abajo juegan, o llevan a cabo sus vidas ajenos a que sus acciones condicionen el hecho de recibir más o menos regalos, o de encontrarse al pie de la cama un trozo de carbón. De vez en cuando lanza miradas furtivas hacia el cielo por si descubre alguno, o por si la noche se presentará excesivamente fría para que los Magos y su séquito puedan llevar a cabo la misión que, desde hace muchos días, ella tanto espera.

La ventana que da hacia el Oriente arroja destellos de una luz azulona en la que ya se pueden ver algunas estrellas que, poco a poco irán encendiendo la noche, y servirán de ruta a la comitiva que pronto llegará. Desde el fondo del cesto de la ropa de planchar, Ana espera y siente un cosquilleo en el estómago, una emoción que le impide concentrarse en los juegos, porque le gusta saborearla a solas, así en cuclillas, dentro del cesto.

En cuanto se haga de noche sus hermanas mayores les darán la cena a los pequeños y les llevarán a la cama. Sus padres han salido, y no sabe a qué hora llegarán. Esta noche hay que portarse especialmente bien y acostarse temprano, pues los Reyes no entran en las casas donde haya niños despiertos. Su padre antes de irse dejó preparado sobre el aparador el plato con los turrones y las copas llenas de vino para invitar a los Reyes y hacerles más grato su cometido. Sabe de sobra que esa noche no va a pegar ojo, que se limitará a sentir el paso de las horas acurrucada dentro de la cama, y en algún momento, hasta creerá haber visto la barba de Melchor asomando por el resquicio de la puerta entrabierta que, le pidió por favor a su hermana que no cerrara. Desde esa posición revivirá mentalmente el viejo rito que su padre, una vez que se haga de día, les hará escenificar como todos los años: No podrán levantarse, ni bajar a la planta baja de la casa, hasta que él les llame. Una vez levantados, aseados y vestidos, cada uno de los ocho hermanos ocupará su posición en la fila ante la escalera, para cuando su padre decida al frente de ella, ir descendiendo escalón por escalón, hasta llegar al recibidor y después al salón, el lugar sagrado donde se encuentran, envueltos en sus cajas, los regalos.

Ana no sabe si le traerán aquello que ha pedido, o si, un año más, se equivocarán y en vez del piano que ella imaginó, le traerán uno mucho más pequeño que no sonará cómo esperaba. Lo que más le gusta son los mensajes que los Reyes le dejan escritos en las cajas, con esa letra picuda y bien trazada, que sólo puede salir de las manos de un Rey Mago. El suyo es Gaspar, el rubio, el que no suele ser el preferido de nadie, pero por esa misma razón es el que más quiere.

Un año más se ve frente a la escalera, ocupando el segundo lugar junto a su padre, pues es la penúltima de los hermanos, la pequeña de las chicas, y la fila se ordena de menor a mayor. Sabe que sentirá un cosquilleo especial en el estómago, bajando la escalera, escalón tras escalón y, en el fondo teme que llegue el momento, pues al llegar a los regalos ya no se sentirá igual, aunque le gusten los papeles de regalo y las cajas escritas con las letras de los Reyes, aunque vea en el aparador las copas vacías y el plato sin los turrones, porque tendrá que esperar todo un año para volver a vivir esa magia, para volver a sentir esa emoción.

12 comentarios:

Elisa dijo...

Relatas una historia que me resulta bastante familiar y encantadora, claro, hoy es el día de Reyes. No todo el mundo celebra las cosas con tanta magia, e incluso sin regalos, el momento puede ser muy especial. Qué lastima hacerse mayor, y no levantarse en casa, o que te levantes...y no esté tu hermano. La vida corre tan rápido, que nos tropezamos a menudo con los escalones, pero queda una chipa.Gracias a esos padres, qué chipa! Intentaremos trasmitirla...Un beso muy fuerte

Angie dijo...

Sentimientos de niño, que te trasladan muchos años atrás. Quién no ha experimentado esas sensaciones tan reales que nos regalaba la fantasía. Ahora sólo nos queda vivir esos momentos indirectamente a través de los ojos de la inocencia de los demás.
Un fuerte abrazo, Cristal, seguro que los Reyes se han portado bien contigo.

maracuyá dijo...

Cuántos recuerdos me has provocado a través de las sensaciones de Ana.
Esa noche mágica...acá se esperan con pastito y agua para los camellos, colocados al lado de los zapatos.
Recuerdo que además de la ilusión por los regalos, me fascinaba pensar que ellos habían estado ahí mientras dormía.
No pasaba nunca ese año!!!
Hermoso relato Cristal...sensaciones que nunca se olvidan. Gracias por este regalo de Reyes.

Un puñado de sonrisas, para vos...

Novicia Dalila dijo...

Es una noche mágica, llena de expetación, de miedo incluso (nunca sentíamos haber sido lo bastante buenos), de ilusión....
Yo, cuando eran mis hijos pequeños y creían en los reyes, disfrutaba muchísimos mirándo sus ojos abiertos de par en par llenos de ilusión.... Ayer por la mañana, aunque parezca mentira, seguí viendo ilusión en ellos... quizás una mirada más sabia, pero cargada de ilusión. Eso me da fuerza y me enternece mucho.
Desilusiones es fácil que haya en este día. A veces, por ignorar la verdad, se piden cosas imposibles de conseguir, y como no se sabe nada, se espera todo....

Un beso, Cristal.

cristal dijo...

Sí, Elisa, la infancia es el territorio de la magia perdida. Al que regresamos de vez en cuando en la vida adulta a través de los ojos de los niños:de nuestros hijos, nuestros nietos...
Por supuesto que esa magia debe ser transmitida de generación en generación para que este mundo sea un lugar más confortable.
Mil besitos para ti, preciosa.

cristal dijo...

Sí, Angie. Los Reyes han sido excepcionales este año. Me han regalado mucha alegría y momentos muy felices.
Lo mismo deseo para ti.
Besos

cristal dijo...

Sï, Mara, era extraordinaria la sensación de que ellos habían estado allí: las copas vacías, el turrón que se habían comido, el agua que se habían bebido los camellos delataban una presencia muy deseada

Mi padre sabía muy bien crear todo ese ambiente. Vivía la Navidad de un modo que no he vuelto a ver en nadie.
En esta época es cuando más le echo de menos.Este relato de algún modo es un homenaje a su memoria.

Todo mi cariño para ti, Mara.

cristal dijo...

También recuerdo con emoción esa ilusión en los ojos de mis hijos cuando eran pequeños e inocentes.

Fue un tiempo muy feliz de volver a redescubrir el mundo a través de sus ojos. De volver a sentir la magia y la fantasía de su mano.

Este tiempo de Navidad que ya termina me recuerda todas estas cosas.
Un abrazo fuerte, Novi.

Tumulario dijo...

Un secreto,
Hoy con 46 años sigo sintiendo el despertar del 6 de Enero como un dia especial, nada tiene que ver con esos dias cuando era pequeño en la que nos levantabamos todos mis hermanos al gritio de "Arriba que ya han venido los reyes" y corriamos todoa hasta el salón donde estaban nuestros regalos.
El dia de Reyes es el mejor dia del año, aunque no tuviese ninguno de los regalos que había pedido y en cambio suviese un camión y unos zapatos ("que bien , ves como los Reyes sabían que se te habían roto los que tenías").
Ver a todo el mundo alegrándose de lo que le habían traido al otro, ver reir a mi padre, desayunar todos juntos, los reyes erán la fiesta que cerraba el ciclo de la navidad, eran el dia en el que todos éramos, a pesar de que a nadie le habían traido ese juguete que había pedido, mas felices todavía.

Un abrazo desde el túmulo

Antiqva dijo...

Amiga, ahora parece que la gente va diciendo que resulta que los Reyes Magos si que existen, siempre existieron. Los que parece que no existimos, somos los padres...

¡Que cosas!

Un abrazo, amiga Cristal

cristal dijo...

Sí, Tumu, son recuerdos que nos acompañarán siempre y que nos devolverán de vez en cuando a esos años en los que la magia lo impregnaba todo.
Un abrazo fuerte.

cristal dijo...

LOs verdaderos Reyes siempre han sido los padres. A través de ellos construímos el mundo. Ellos y sólo ellos nos han regalado todo lo que somos.
Un abrazo Antiqva.