viernes, 1 de mayo de 2009

ACACIAS EN FLOR


No pudo resistir el impulso y levantó el brazo para cortar una rama. De modo instintivo se acercó las flores a la nariz y, de improviso, le vinieron de golpe aquellas tardes de mayo. Y vio la fila de acacias a ambos lados de su calle, las flores blancas con el perfume que ahora le devolvía una retahíla de recuerdos aprisionados en su memoria. Aquellas flores blancas que llamaban "Pan y quesillo" y que para cogerlas debían subirse unos encima de otros hasta alcanzar las ramas, o hacer equilibrios encaramados en alguna tapia.


En aquellos años la calle estaba todavía sin asfaltar, y los coches no podían de ningún modo resultar una amenaza para sus juegos: la pelota envenenada, policías y ladrones, el látigo y los que más le gustaban, los que realizaban sentados en la acera y en los que había contacto físico entre ellos: el teléfono, o los disparates. Era en esos juegos en los que los chicos aprovechaban para acercar sus labios hasta su oreja y, en ocasiones, hasta le rodeaban los hombros con sus brazos. Le pareció sentir aquellos escalofríos que le provocaban las manos de un chico bastante mayor que ella, cuando se sentaban debajo de las acacias y recorrían su cuerpo. Ella sentía una mezcla de sensaciones, no podía negar que le gustaba, pero a la vez, le parecía ver algo sucio en el comportamiento de aquel muchacho, del que todas las niñas del barrio hablaban entre susurros, en conversaciones que mantenían a salvo de los mayores. Y las tardes se prolongaban hasta el infinito, hasta que la raya roja del horizonte y la voz de su madre le anunciaban que era el momento de dejar los juegos y volver a casa.


Luego de noche en la oscuridad de su habitación, los aromas de la calle se mezclaban con las voces de los chiquillos, y junto con las manos de aquel chico que tanto le confundían, componían un carrusel de sensaciones encontradas. En ocasiones las emociones no le permitían dormir, y el miedo se agazapaba detrás de una luna tan fina y brillante como una uña de plata. Y deseaba que se hiciera de día y que llegara la hora de salir del colegio para encontrarse con su calle y sentir el aroma de las lilas, de las rosas, y el momento en que las madreselvas comenzasen a derramar en sus bocas aquel sabor tan dulce... Y el olor de las acacias en flor le recordaron una vez más que mayo había llegado.

20 comentarios:

izara dijo...

Los recuerdos de la infancia son un poso tremendo del que se alimenta la vida. Los perfumes acrecientan sin duda los recuerdos.
Y en todos los recuerdos del ayer, es curioso, pero ha desaparecido el miedo, que habito en ellos, (en contraposicion a la entrada anterior, ¿verdad Cristal?.
Lo cual nos demuestra lo vano de nuestras preocupaciones.
Un fuerte abrazo Cristal.
Izara.

Fermín Gámez dijo...

¡Qué bien contado! Has plasmado con mucha sensualidad, y profundidad, esas sensaciones.

Coincido también con Izara en que en muchos recuerdos del ayer desaparece el miedo, aunque en realidad pudiese haberlo.

Luis Antonio dijo...

Expresas tan bien las sensaciones que producen aquellos recuerdos que hasta embellecen los míos tan distantes a los tuyos y, sin embargo, tan comunes.

Los primeros escarceos amorosos torpes y plenos de dudas, el descubrimiento del otro o de la otra, los juegos inocentes llenos de curiosidad...

A veces, esos recuerdos van unidos a determinados aromas, y éstas nos provocan evocaciones cargadas de nostalgia y cariño.

Qué poco fundamento tenían aquellos principios pretendidamente morales, estrechos y castradores que nos hacían sentirnos culpables... Pero qué trascendencia tenían aquellas inocentes sensaciones en nuestras noches agitadas y de cama dehecha.

Me ha encantado tu narracion, Cristal. Dice mucho de tu sensibilidad y de tu rico mundo interior.

Besos

borraeso dijo...

Recuerdos ligados a un aroma, siempre de la mano...

Otra época, otra edad, el despertar y los imborrables perfumes y sensaciones que, a través de la nariz y nuestros sentidos, quedan plasmados en nuestros cerebros...

Me encantó el cuadro que pintaste!

Un beso.

sevillana dijo...

El día 4 de Myo hay fiesta en mi blog, espero pases por allí.
Besitos

Caco dijo...

Ese tipo de experiencias son las que siempre me han llamado profundamente la atención. Cómo, a partir de un olor u otra sensación que solemos menosprecias, logramos evocar momentos cargados de sensaciones.

Bello relato.
Saludos!

cristal dijo...

La infancia permanece en los olores, sabores y las músicas que van asociados a los recuerdos. Gracias a esas sensaciones podemos "regresar" en algunas ocasiones. Gracias por tus palabras, Izara. Un abrazo fuerte también para ti.

cristal dijo...

Me alegra mucho que te haya gustado. Disfruté mucho escribiéndolo. Son buenos recuerdos. Saludos.

cristal dijo...

Te agradezco mucho tus palabras. El mundo interior de cada uno es una de las pocas cosas que, afortunadamente, nadie te puede quitar. Intento alimentar cada día ese mundo secreto que me proporciona las mayores satisfacciones. Mi madre siempre me decía que la felicidad no la podías buscar fuera de ti, sino dentro de uno mismo. Cuando me lo decía, yo no la entendía. Con el paso del tiempo llegué a darme cuenta de la gran verdad que encerraban sus palabras. Me alegra mucho haber podido comunicarte esas sensaciones. Un fuerte abrazo y mi cariño, Luís Antonio.

cristal dijo...

No sabes lo que me alegra que te haya gustado mi relato, amiga Borraeso. Me ha gustado mucho lo de haber pintado un cuadro, me parece una manera muy bella de expresarlo. Gracias por tus palabras. Un beso.

cristal dijo...

Seguro que pasaré a visitarte, Sevillana. Cuenta con ello. Gracias por tu visita. Un beso.

cristal dijo...

Así es Caco. Algunos recuerdos quedan para siempre grabados, y, aunque no los tengamos presentes, aparecerán siempre con el estímulo adecuado. Misterios de nuestra química cerebral que nunca dejará de sorprendernos. Me alegra que te gustase. Besos.

Andrea dijo...

Y a mi también me ha gustado Cristal, como siempre, tus escritos de suave lectura me transmiten paz y calidez. Un olor, una canción determinados, nos llevan a revivir sensaciones guardadas por largo tiempo. Desde luego que seguiré visitándote, lo mío ha sido una apreciación sin importancia, y es verdad, tal vez la diferencia idiomática nos lleve a interpretar las cosas de modo equivocado, aunque también es verdad que había algo de machismo encubierto en esa historia, Un beso enorme.

cristal dijo...

Gracias por tus palabras, Andrea. Me contagian siempre optimismo y entusiasmo. Me alegra que te gusten mis textos y que te transmitan esas sensaciones. Un abrazo fuerte.

carlota. dijo...

Has descrito tantas tardes lejanas en mi memoria ...

Besos

mara y cuyá dijo...

He sentido el aroma de acacias en el aire de mayo. Y hasta esos escalofríos ante esas sensaciones desconocidas e incipientes.

Una bella narración que me ha remontado a mis tiempos de infancia. los juegos en la vereda, los secretos intercambios de hipótesis sobre temas prohibidos. Recuerdos que muchas veces, vuelven a mí, motivados por un perfume o un sabor; por esa memoria de los sentidos que se graba tan nítida en nosotros.

Gracias. Un beso, Cristal

cristal dijo...

Esas tardes están grabadas a fuerza de aromas, sonidos y sensaciones de todo tipo en lo más recóndito de nuestra memoria, y forman parte de nuestro patrimonio más secreto. Me alegra tenerte en mi blog. Pásate cuando quieras.

cristal dijo...

Gracias a ti, Mara, por hacerme saber lo que ha despertado en ti la lectura de mi narración. Me lo has devuelto aportándome además tus vivencias, y es entonces, cuando se produce esa maravillosa experiencia que proporciona la verdadera comunicación entre personas que, físicamente nos encontramos tan lejos, pero que emocionalmente podemos sentirnos tan cerca. Un abrazo muy fuerte.

corsario sin patente dijo...

Los recuerdos de Mayo, y de cualquier mes, están siempre ahí y siempre anhelados; pero la forma en que tú los plasmas los hacen más especiales.

cristal dijo...

Agradezco tus palabras y me alegra que las mías hayan podido transmitirte sensaciones agradables. Un abrazo.