lunes, 1 de noviembre de 2010

NOVIEMBRE Y LA MUERTE


Es curioso que noviembre abra su puerta de oscuridad celebrando diversos cultos a la muerte. Es curioso que el otoño, y en particular, noviembre sea el momento preferido por mucha gente para morir.

Entre el 25 de septiembre y el 15 de noviembre, murieron algunos de mis seres más queridos, como si les superase la idea de tener que afrontar un otoño y un invierno más. La caída de la hoja supone el momento más crítico del año para los enfermos, para los ancianos, como si todo en la naturaleza invitase a replegarse, a despedirse.

Hoy 1 de noviembre los cementerios de nuestro país se llenarán de flores, se limpiarán y adecentarán tumbas y panteones y, al menos por un día, muchos difuntos se instalarán en la memoria de los vivos.

Sin embargo, en mi familia nunca hubo ningún culto relacionado con la muerte. Mis padres jamás fueron al cementerio en ésta, ni en ninguna fecha porque, según me respondió mi madre cuando le pregunté la razón por la que nunca los visitábamos, era que en los cementerios no había nada, así que para qué íbamos a ir y que ella no necesitaba ningún día para acordarse de sus seres queridos fallecidos, porque los tenía presentes día a día en su memoria.

En la otra esquina de nuestra península, en la Comunidad gallega, la muerte y la relación con los muertos es completamente distinta. Allí prácticamente se convive con los muertos, los cementerios se encuentran dentro de los pueblos, al pie mismo de las iglesias.

La primera vez que entré en un pueblo gallego y vi el cementerio allí mismo, rodeando el espacio del templo, sentí una fuerte impresión. No tenía costumbre de entrar en un cementerio y verme allí teniendo que, literalmente, pisar algunas tumbas, me resultó bastante chocante, aunque para los habitantes del pueblo fuera lo más natural. Los niños gallegos que viven en estos pueblos, por norma general, pasan su infancia jugando habitualmente entre las tumbas de los cementerios, algo para los que no tenemos esas tradiciones, bastante difícil de imaginar.

La manera de vivir la muerte varía de unas culturas a otras, incluso de unas familias a otras; pero de cualquier manera, el mes de noviembre siempre se relacionará con la muerte, con todos aquellos seres, queridos o no, que estuvieron con nosotros en este mundo y un día se fueron para no volver más.

23 comentarios:

Elisa dijo...

Me ha encantado esta entrada, y me he sentido también muy identificada. A mi me gustan los cementerios, es un escenario que origina una sensación extraña. No me gusta pensar que mis personas queridas están ahí..., pero sí su último contacto con la tierra.
Un beso fuerte de otoño!

Novicia Dalila dijo...

Es cierto que el otoño es un mes muy propicio para morirse. Supongo que es el cambio de estación, la tristeza del ambiente, el frío que empieza a meterse en los huesos... A mí, aún así, me gusta esta estación más que las otras, aunque seguramente, cuando mis seres más queridos mueran - si me preceden en ese paso - si es en esta época, para mí nunca más volverá a ser lo mismo...
En mi familia sí son de visitar a los muertos en estas fechas, aunque no puntualmente el día 1, pero sí se les va a ver a algunos (los más cercanos están en Toledo... la otra parte en Galicia y pilla más lejos, no es para ir y volver en el día)... Mi madre siempre que vuelve a Toledo pasa a ver a sus muertos. Siempre. Yo lo respeto, claro, y supongo que si alguna vez tengo que enterrarles, iré a verles donde estén, eso está claro, porque para ellos es importante.
Es una época triste esta... Y de aquí a nada, Navidad otra vez.... otra época chunga para echar de menos a los nuestros....

Un beso, Cristal

Dr.Krapp dijo...

Es cierto que en Galicia durante mucho tiempo se ha convivido con la idea de la muerte creando todo un folklore a su alrededor algo que ocurría en todas partes pero que sobrevivió en sus zonas rurales. Hoy por hoy las cosas son diferentes y todo eso es territorio para el recuerdo, el marketing y el souvenir. La uniformización ha acabado con todo.

Lola Mariné dijo...

Deberiamos perderle el miedo a la muerte. Al fin y al cabo es algo natural, consustancial a la vida.
En Turquia tambien te encuentras pequeños cementerios por todas partes, en plena calle, junto a la casa de los familiares.
Me gusta como lo celebran en Mexico, con alegria.
Los cementerios tienen algo especial y los hay muy bellos.
Saludos.

Luis Antonio dijo...

El otoño estacional y el paisaje que genera en los árboles tiene gran encanto, pero el "otoño de la vida, no tanto" y si, además, estadísticamente está confabulado con la muerte, menos aún...

Visitar alguna que otra vez los cementerios donde reposan seres queridos no tiene por qué ser una especie de culto. Si algún año no he llevado a cabo esta visita, me siento muy incómodo conmigo mismo.Cuando veo tumbas o nichos abandonados no puedo evitar cierto pesar...

Ese sentimiento no quita que sea partidario de la incineración.

Un fuerte y cálido abrazo, Cristal

cristal dijo...

Hay cementerios de una gran belleza y pasear por ellos, no creo que deje a nadie indiferente.

Hay una melancolía, una tristeza y una soledad impresa en cada lápida en la que se nos recuerda a la persona que un día fue.

Mil besos, preciosa.

cristal dijo...

Parece ser que sí, que el cambio de estación es un momento crítico para todos los organismos vivos. Supone un esfuerzo grande de adaptación que los enfermos o los ancianos en algunos casos no superan.

Es cierto, cuando en un mes determinado o en una estación has tenido experiencias dolorosas, todo en la naturaleza te lo recuerda.

Y por cierto, Novi, yo también soy de otoño.

Un beso grande.

cristal dijo...

Pero no me negarás, amigo Krapp, que en los pueblos pequeños sigue siendo así. Al menos en el pueblo de mi familia política y en las aldeas de los alrededores el cementerio forma parte de la vida cotidiana. Otra cosa, por supuesto, son las grandes ciudades.

Abrazos.

cristal dijo...

El miedo que le tenemos a la muerte es cultural, Lola. Ha sido la cultura occidental, en el auge de la era consumista, la que ha tratado de esconderla, de apartarla como si no existiera, como ha ocurrido con la enfermedad y la vejez.

Claro que deberíamos ver la muerte como algo natural y lógico, pero no nos han enseñado a afrontarlo de ese modo.

Un beso.

cristal dijo...

A mí me parece perfecto visitar a los seres queridos que yacen en los cementerios, lo único que yo no tengo esa costumbre.

Los únicos miembros de mi familia que están enterrados son mis abuelos. Tanto mis padres, como mis dos hermanos mayores, ya fallecidos, fueron incinerados.

Por mi parte yo ya he dejado claro ante los míos que deseo ser incinerada. Bajo mi punto de vista, es más limpio, higiénico y mucho más barato.

Un abrazo cariñoso.

Miguel dijo...

El otoño es un mes que rinde culto a la caducidad, a la caducidad de nuestras vidas también. Y es tiempo de mirar cara a cara hacia esta eventualidad que tenemos `por vida que inevitablemente acaba con la muerte.

Un beso.

cristal dijo...

Parece que ha de ser así. La naturaleza tiene sus ciclos y sus tiempos y hay tiempo para todo: para nacer y para morir.

Con la primavera volverá todo a renacer.

Otro beso para ti, Miguel.

ANTIQVA dijo...

Amiga, es sabido que en el cementerio no queda nada... Solo el polvo... Tambien es sabido que nadie muere del todo hasta que muere tambien la ultima persona que le ha amado a uno...

Visitar el cementerio, no obstamye, tiene un efecto tranquilizador para los vivos... Si produce sosiego, es decir, si es algo bueno, pues bendito sea... Aunque alli no haya nada...

Un abrazo, Cristal

cristal dijo...

Eso es cierto amigo Antiqva,mientras haya alguien que te recuerde, no se muere del todo.

Otro abrazo fuerte

Antonio H. Martín dijo...

Cristal, los cementerios son un sitio por el que se puede pasear y sentir paz, pero, como decía tu madre, allí no hay nada, excepto el recuerdo que evocan algunas imágenes.
Los cementerios son sólo depósitos de huesos, no almacenes de almas. No, por supuesto que no. Las almas vuelan.

Y a ti, amiga, que te incineren, si así lo quieres, dentro de unos cien años, ¿vale?

Un abrazo.

cristal dijo...

Pues más o menos dentro de unos cien años, no es una mala época.

Y sí, los cementerios son sobre todo caldo de cultivo para todos los espíritus románticos.

Un abrazo, Antonio.

Angie dijo...

Nunca he sentido ni la obligación ni la necesidad de ir a los cementerios; tampoco me importa ir a ellos. Nuestros seres queridos, siempres están, más alla de los cementeriso, en nuestra mente.
Un abrazo, Cristal.

cristal dijo...

Claro que sí, Angie. Así mismo lo siento yo.

Me alegra saber de ti.

Un abrazo.

Susana Inés Nicolini dijo...

Impresionante entrada! Intensa, subyugante. ¡Todo tu blog impregna belleza! Enhorabuena.
Me hice tu seguidora.
Te invito a conocer los mios, será un gusto verte por alli.
Un abrazo desde Buenos Aires

cristal dijo...

Gracias por tus palabras, Susana Inés.

Vengo de visitarte y he quedado gratamente impresionada por lo que he encontrado. Ha sido todo un descubrimiento.

Pásate por aquí cuando quieras.

Un abrazo también para ti.

cristal00k dijo...

Bueno, esperaba a que ya nadie pasease por esta entrada, para comentar. No me gusta parecer la friki del lugar... je!
Ya sabes que por mi procedencia soy de las que me crié en esa cultura de pequeñas necrópolis. Tanto es así, que incluso ahora, cuando tengo un mal día de stress muy acusado, alguna vez, mi remedio es irme a uno de esos lugares (hay en todas las ciudades) y es mano de santo Tocaya... Ahí, se respira siempre una paz fuera de lo común. Es como viajar a otro mundo, y un poco lo es, claro.
Otrosí, Noviembre, en la cultura celta es el inicio del año lunar, por el que se regían. Comenzaba en el primer plenilunio del mes, casi siempre alrededor del día 01 y era el momento de contactar con los espíritus de los ancestros para consultar como se presentarían las próximas lunas y consagrar las cosechas. Ese, es el origen del halloween anglosajón, pero también aquí, en Galicia o Asturias, en los primeros días del mes, de alguna forma pervive esa costumbre y sobre el 11 (San Martiño) se celebran los Magostos en los montes, encendiendo fuegos y asando castañas. Y cuenta la tradición, que a esas celebraciones, asisten los espíritus de los familiares que ya no están con nosotros... y quien sabe si hasta la Santa Compaña! jeje.
Buena entrada, Tocaya.

cristal dijo...

No esperaba ya más comentarios en esta entrada y, mira por dónde, me ha dado por fijarme en que había uno más y era el de mi Tocaya.

Entiendo muy bien todo lo que me cuentas pues vivo adosada a un gallego y, en cierto modo algo gallega me siento ya.

El Magosto es una de las tradiciones de las que más he oído hablar y que ma gusta especialmente.

Me alegra tu visita.

Un abrazo.

Fermín Gámez dijo...

Me he detenido, con tu permiso, en esta entrada tuya de noviembre de 2010. No sé por qué ahora que se viene el tiempo primaveral, me ha llamado especialmente la atención este tema que expusiste hace unos meses.

Es curioso lo que cuentas de los pueblos gallegos y su relación con el tema de los cementerios. Es otra forma de ver la muerte, en realidad.